Reflexiones para una poética del metal

Mi perro Billy (imagen)

Mi perro Billy (imagen)

Una reseña de Gonzalo Ruiz Suárez acerca de Mi perro Billy, de Javier Palencia. El primer relato de La higiene íntima, el próximo libro que publicaremos.

 

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Debido a la falta de un criterio unificado a la hora de reseñar libros, lecturas o experiencias, me he propuesto hacer esta breve relación que pueda ayudarnos a todos, puesto que uno no está sobrante de certezas, a acometer el acto de reseñar algún libro.

1. Si estuviésemos en disposición del archivo en pdf debemos, primero, contar el número de caracteres sin espacio: si tiene más de 600.000 es posible que nos encontremos ante un texto en prosa o de la antología de algún poeta al que sin duda le tiene que pesar, al final de los días, su propia verborrea. Si el número de caracteres no supera los 100.000 y, además, notamos que los textos están como escritos en columnas, es más que probable que se trate de un libro de poesía.

1.1. Para dirimir la cuestión genérica yo siempre he optado por remitir un escrito al editor preguntándole. Puede parecer engorroso pero al menos es un criterio.

2. Una vez leído por primera vez el texto y antes de emitir ningún juicio tenemos que ir a sus umbrales. Si el texto está editado en papel couché es posible que usted esté leyendo un periódico y no un libro, aunque, cuidado, es posible también que usted esté leyendo poesía militante por lo que le recomiendo que vuelva a empezar todo el proceso o bien incluso cambiar de libro, que nuca es tarde. Los títulos pueden servirle de guía a la hora de emprender las distintas cuestiones sobre la naturaleza del texto. Por ejemplo: si el título es Cada día los días, es posible que se encuentre usted frente a un texto de insobornable profundidad. Si su estado de ánimo lo permite, siga adelante hacia su reseña. Si el título, por ejemplo, es La velocidad de las cosas es casi seguro que […].

2.1. Dichos paratextos que introducen o cierran los distintos apartados de la obra también nos pueden dar pistas sobre el escribiente en cuestión y la verdad del objeto que tenemos entre las manos. Si tenemos un verso de Galeano, por ejemplo, pero el libro está editado en Madrid es posible que su autor/a sufra el famoso complejo anal-colonizador del europeo en Latinoamérica, ante ello es preferible dejar pasar unos años antes de la relectura. Si encontramos, por ejemplo, Fourmillante cité, cité pleine de rêves es posible que, aun no conociendo al autor podamos tener un prejuicio sano a su respecto. Aunque estas categorías son mera selección cultural son importantes para dirimir, además, las cuestión de si un libro merece ser reseñado. Benedetti, en fin. William Carlos Williams, mejor. Personalmente, en esta sección, preferiría encontrar On n’échappe pas au commerce américain o algo así. Pero nunca se sabe. Yo, personalmente, no he leído a Yeats, y cuando me topo con una cita interpreto el libro exclusivamente en clave borgeana (?), ¿no es genial?

3. Sigamos. Una vez eliminamos casi la mitad de los libros publicados en Madrid, Buenos Aires y… Quito -lugar excepcional-, ya sabemos a qué género puede pertenecer el libro y tenemos de amigo en Facebook al autor en cuestión, pasamos a la relectura del texto. Respecto a las emociones que nos suscita el texto hacen falta consideraciones profundas. Ante la imposibilidad de medir con exactitud cuánto nos ha encantado el libro y no disponer de algo parecido a un aplausómetro íntimo o doméstico -o la bolita aquella que botaba eufórica ante los versos de Mallarmé (?)- debemos, pues, establecer criterios objetivos. En un texto de más de 200 páginas, por ejemplo, nos hemos de haber reído con una sonora carcajada unas 5 o seis veces; el nivel de la carcajada se puede medir por la cara de mala hostia que pone tu pareja cuando la emites. La sonrisa irónica, cómplice, tiene al menos que hacer aparecido en unas 8 o 9 ocasiones para que el libro sea reseñable. Un sentido estremecimiento al menos una vez tenemos que notar -si tal cosa es posible- para que la lectura haya merecido la pena.

3.1. Seré más claro. Amarillo ha de esta presente de forma casi permanente. Negro ha de permanecer unos segundos, apenas, no muchos, al menos una vez cada libro. Rojo intermitente y blanco de fondo.

3.1.1. Un hombre ama a su perro. Es un hombre de hoy en día, normal, como tú o como yo. Paga sus facturas, le tiene miedo a las feministas y no sabe comportarse en casi ninguna situación. Un hombre con las manos en los bolsillos, para ser más claro. Este hombre tiene un perro, Billy, que como todos los perros, son traicioneros y acaban muriéndose, dando igual cuánto les hayas querido o si te has tomado la molestia de sacarles a cagar unas 800 veces durante 18 años. Su novia es una completa hija de puta: arrogante, egocéntrica, que habla de Lacan y habla de termodinámica a través de sus cuadros abstractos y, lo más importante: no sabe ni una palabra de termodinámica ni de Lacan. Una insoportable por antonomasia. Y le roba a su perro y el perro ya no le quiere. Y ella se encariña con el perro porque no le habla, porque no dice gilipolleces, porque no tartamudea y porque no duda. El hombre es todo lo contrario, claro, y, claro, está visto que se va a quedar sin perro que va a ser sustituido, como es sustituido un vulgar smartPhone por un fokinGorgeousPhone. Al final, sólo una pequeña victoria, el perro traicionero le prefiere a él –como unos padres divorciados arrastrando a su hijo único por los pasillos en un Toys ‘r us– , la victoria de los que llevamos las manos en los bolsillos al andar.

Amarillo √
Negro √
Rojo √
Blanco de fondo √ √

3.1.2. Una reseña perfecta no sustituye al texto, se le adhiere como se adhieren las lapas a las ballenas. Tiene su función, claro. En el fondo, todos sabemos que, hoy en día, las reseñas dan un poco de asco, la crítica en general da un poco de asco, es posible ver los [hilos/capital/capital simbólico] que mueve la actividad crítica y si pudiésemos le quitaríamos las lapas a las ballenas y, acto seguido, después de la euforia del joven revolucionario, acaso, notásemos una especie de orfandad, un insignificante tipo de exilio, y veríamos a la ballena hundiéndose de nuevo.

4. Añádase lo que parezca pertinente.

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1 Response

  1. 20 Junio, 2015

    […] en un Toys ‘r us– , la victoria de los que llevamos las manos en los bolsillos al andar”. Reflexiones para una poética del metal. Por Gonzalo Ruiz […]

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