“Morir aullando”, por Carmen Arduña

Librería Cálamo

Munir Hachemi, Gema Palacios y Carmen Arduña en Librería Cálamo

El siguiente texto fue leído por Carmen Arduña en la Librería Cálamo, de Zaragoza, el pasado viernes 6 de febrero.

Buenas tardes y bienvenidos a la presentación del segundo libro de poesía de Gema Palacios.

Permítanme, en primer lugar, compartir con todos Uds. mi alegría al ver cómo en esta época de incertidumbres ciertas que vivimos, surgen como por azar hallazgos y regalos envueltos en hermosa sorpresa para mirar el horizonte con una luz más esperanzadora: el pasado verano en un Torneo de ajedrez conocí a David Añaños; entre partida y partida tuvimos la ocasión de hablar de diferentes temas y de que él supiera que yo tenía publicados varios libros de poesía. Tiempo después me habló de Gema, de su proyecto de presentar en Librería Cálamo – referencia imprescindible para todos los amantes de la literatura- este “Compañeros del crimen” y de su interés en que fuera yo quien hiciera la presentación.

Quiero decirles que nunca Torneo alguno me ha dado una satisfacción como la que aquél me dio; en ningún otro había conseguido final y triunfo tan gratificantes como los de aquel Femenino. Porque en éste, las piezas de ajedrez, de peón a dama, me han llevado a conocer a Gema, su sorprendente poesía y a estar ahora en este acto para presentar su última obra poética.

Cuando su poemario llegó a mis manos, he de confesar que, inicialmente, me sacudió el título y su índice: una joven estudiante de Filología Hispánica con temprana vocación poética, no parecía encajar en un curriculum de “antecedentes penales” y “cómplices” quizá peligrosos; ni viviendo en una situación personal atravesada de “violencia contenida” alguna. Mucho menos que en su tan temprana y hermosa edad hubiera surgido ya “16 veces el crimen” y que pareciera buscar, tal vez desesperadamente como a Susan en el título de la película, “Compañeros del crimen”

Y también sonreí ante lo que yo quise ver divertida provocación: una Editorial, hasta entonces desconocida para mí, con el nombre de una imaginaria línea terráquea, Paralelo: quizá precisamente el que atraviesa la lejana, exótica y sugerente Camboya y por eso la colección de poesía llevaba el nombre de su capital Phnom Penh.

Nada de lo anterior, innecesario decirlo, era importante. Solo lo era que el texto poético que tenía entre mis manos me iba a resultar, desde sus primeros versos, maravillosamente complejo, hermoso y sorprendente.

Porque después de acercarse y sumergirse en el hermoso poemario de Gema comprobarán, igual que yo, que nada en esta intensa obra poética es casual y mucho menos resultado de una aparente opción por lo fácil, cómodo o simplista: la ruptura formal, la libertad en la composición, la ausencia de convencionalismos formales y todo su intenso “corpus poético” dan paso desde el inicio a una extraordinaria riqueza de voces, de imágenes literarias y de poderoso dominio del lenguaje.

En esta obra la autora rompe formalmente el vehículo expresivo con inteligente y buscada determinación. Y no se detiene a expresar sentimientos estrictamente personales en la sucesión de sorprendentes poemas que llena sus “Compañeros del crimen”. Partiendo de vivencias, deseos, búsquedas y hallazgos propios e íntimos, nos traslada a un universo colectivo de experiencias y anhelos: nos reconocemos -seguramente muchos de Vds. igual que yo- cuando en el “crimen número 6” escribe Gema:

“mientras ahí abajo en un coche
una pareja tiembla entre roces de agua y sus gemidos
tienen toda la lógica del mundo
empieza a desnudarme por arriba:
mis pies están hundidos en el suelo”

Soy y somos cada uno de los instantes de vida de quienes bajo la lluvia y en un coche tiemblan y gimen y también quien, mientras alguien lo desnuda, siente sus pies hundidos todavía en el suelo. Sírvame de solo ejemplo -para no cansarles- de otros muchos poemas más en los que Uds. como yo se irán descubriendo; y sentirán también parte de su propio mundo, lo cotidiano, el deseo, la amistad o la piel tan presentes en los desgranados versos de la autora. Nada es casual, ni banal o está fuera de este universo compartido en la obra de Gema: amor, deseo, placer, sensualidad, silencio hecho grito, dudas, búsqueda, mundos y palabras sin fronteras que se cruzan y enriquecen; evocación, recuerdos, amistad… ¡Tanta amistad y afecto en esos “cómplices”!!: por fin yo los conocía y todo estaba en orden.

Y hay, lo comprobarán, dosis casi absolutas de belleza en cuanto Gema dice y en cómo nos lo expresa hasta hacernos sentir como propios sus propios sentimientos; o hasta hacernos pensar que ella se ha apropiado de los nuestros, sencillos o sublimes, para convertirlos en poesía. ¿Y de qué hubieran servido las mayúsculas en este viaje hacia el infinito más hermoso?

Entenderán por qué les invito a leer y disfrutar de esta poesía tanto como yo lo he hecho. Y a que vayan –estoy segura de ello- más allá de las palabras, tal y como Gema me pide en su cariñosa dedicatoria. Lo lograrán: la magia de sus palabras se convierte casi en la excusa, sutil, precisa y preciosa para trasladarnos a una cosmisión que transforma nuestro mundo en un bellísimo “endecapétalo”

Para terminar, gracias por tu hermosa juventud de piedra preciosa, Gema, y por tu generosidad y confianza para, sin conocerme ni saber casi de mi poesía, haberme regalado el momento intensamente único de estar junto a ti y con todo Uds. en este entrañable acto de presentación de tu, seguro, penúltimo libro de poemas. Y también, querida Gema, gracias por caminar en la senda literaria de la poesía necesaria que es, como con toda razón dijo el poeta, un arma cargada de futuro; hoy, más que nunca. Estoy segura de que la fuerza, calidad, ternura, belleza e intensidad de tus versos nos seguirán ofreciendo, en este tempo histórico que vivimos, ese arma necesaria frente a la alienación y el adocenamiento, la vulgaridad y lo políticamente correcto y frente a un objetivo final que no parece ser más que el de intentar conducirnos a la resignación y la derrota vestidas de falso progreso e impostada modernidad. Por eso habrá que resistir, Gema, y… morir aullando.

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1 Response

  1. 2 Marzo, 2015

    […] Morir Aullando, por Carmen Arduña. En Paralelo || Blog. […]

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