Pochita y Conchita

por Mauricio Borgonio

¿Es sucio el sexo? Solo cuando se hace bien.

Woody Allen

Una vez en el local los nervios me jugaron una mala pasada. Recuerdo saludar a Sebastián, amigo de mi primo Vico e hijo del dueño del local, y luego a las dos chicas que estaban con él en la barra y quienes me observaban de pies a cabeza con malicia morbosa; una de ellas se llamaba Conchita y la otra Pochita. Conchita y Pochita saludaron a Vico por su nombre y le dieron un beso en la boca. Yo fui a darles otro beso en la boca al igual que Vico y me frenaron el coche rapidito, me dijeron “picarón” y que no me pase porque “las cosas en palacio van despacio papi”. Vico y su amigo se sonreían mientras me daban una palmada de consolación en el hombro; yo no dejaba de sentirme estúpido, seguro era la cocaína que me había acelerado. Tras una llamada por teléfono el amigo de Vico se distanció; Vico ordenó un gin tonic para él y Conchita, le dieron un sorbo y esta lo cogió de la mano y lo encaminó hacia su casa de loba. Vico se dejó llevar fácilmente; un amante es siempre un esclavo. Sin embargo, antes de irse sentenció: “toda tuya primo, saca pecho por la familia carajo” como si estuviéramos en un partido de fútbol. “Claro campeón” le respondí ante las risas de Pochita y Conchita y la consoladora movida de cabeza de Vico. ¿Claro campeón? Venga primo, nos vemos dentro de unas horas sentenció Vico. Pensé: ¿Unas horas? Con qué carne voy a satisfacer a este dinosaurio carnívoro que parece no haber sido alimentado por 3 siglos; a lo mucho duraría 2 minutos y sin meterla; apenas se quite la ropa me voy a venir como el imbécil pusilánime amante que soy. Gracias a mis plegarias al papa Francisco Bergoglio Pochita sintió mi inseguridad y claramente me dejó saber que ella estaba aquí para enseñar; que tenga sumamente claro que era mi entrenadora del sexo y que no era mi esposa, amante, novia o booty call; funcionó, esto me dejó exento de inseguridad y ansiedad antes de entrar en el terreno carnal. Pochita se pidió una copa de Martini y yo otra; charlamos un ratito y luego me llevó a su habitación número 23; relucía el jacuzzi, sauna y unas cuerdas raras que colgaban desde el techo. Me preguntaba cuánto dinero valdría todo esto, pero luego mi otro yo me puteaba diciéndome que deje de pensar en pendejadas y que me concentre únicamente en Pochita, en sus tetas en puntita y sus pezones en forma de uvitas, en su cintura estrecha y su trasero utópico.

PochitayConchita

 

–  Me han dicho que es tu cumpleaños

– Sí, hoy cumplo 19 (le seguí el juego y en eso acerté porque mi primo Vico nunca me alertó sobre dicha mentirilla).

– Créeme o no a los 19 yo perdí mi virginidad.

– Te creo.

– Ya no te hagas

– Sí, te creo, en serio; y si fuera mentira también te creería.

-Tonto -sonreía Pochita-. Recuerdo cuando tenía 19 y no sabía qué hacer con mi vida, mis padres querían que sea enfermera, que estudie medicina y mírame ahora, aunque algo de enfermera tengo: desnudo a tíos y tías y luego les aplico mi medicina.

 

Pochita ahora me hablaba muy cerca al oído y sentía su respiración y aliento como si fueran míos. Emanaba un olor “suave-cítrico” y su belleza opacaba cualquier tipo de distracción en la moderna habitación. Su pelo largo negro azabache fue enroscado en forma de coleta por sus finas manos, dejando expuesta sus perfectas orejas, su rostro y cuello indudablemente bellos. Sus labios carnosos rosaditos y su naricita aguilucha hacían una combinación perfecta, su cuello era largo y delgadito y pegaban gritos de querer humedad de labios. Los prominentes huesos horizontales de su pecho resplandecían aún más con la luz tenue de la habitación. Sus senos imponían el rol de dos planetas habitables única y legalmente por mí. Al pie de la cama se empezó a quitar el pequeño pareo de verano apretadito que apenas le cubría las pieles y le formaba una silueta espectacular; símbolo de la feminidad por excelencia.

Pochita se quedo en braguitas y me pidió que me siente al pie de la cama; se dio la vuelta y estiro sus manos apoyándose en la pared y me preguntó si me gustaba lo que estaba viendo. Era muy difícil para mí aguantar la ansiedad en ese momento. Así que fui precoz en mi movimiento y ahora estaba arrodillado apretándole los glúteos de las nalgas a Pochita y excavando mi nariz en todo su coño; Pochita me llamó la atención rápidamente y me ordenó que me detuviera, que le gustaba pero que prefería que le haga sentir mi miembro en su trasero y que le diga cosas guarras al oído. Procedí al deseo. Pochita empezó a gemir y empezó a despeinarme mientras yo seguía detrás de ella ya erecto con mis manos toqueteándole las tetas y jugando con sus pezones.  Le decía: Eres mi esclava y vengo a follarte a tu calabozo cuantas veces me da la gana. Ahora ya era casi imposible aguantarme y le bajé las braguitas, le separé las piernas y le introduje la polla tan fuerte que Pochita pegó un estirón como si hubiese sufrido un calambre en todo el cuerpo; se inclinó un poco más hacia la pared y mientras le agarraba las tetas con la mano derecha mi mano izquierda invadía su boca; Pochita me chupaba los dedos. Ahora mis movimientos eran mucho más rápidos y sentí que mi entrenadora del sexo había perdido las riendas del liderazgo y se veía totalmente domada por su opresor. Sin embargo, casi cuando ya creía que terminaría todo, Pochita se dio media vuelta y me dijo “no tan rápido cowboy”. Me quedé anonadado y fui empujado a la cama bruscamente. Ahora Pochita estaba encima de mí cabalgándome. Dejó caer su cuerpo hasta que sus tetas tuvieron contacto con mis labios, y fue ahí que pensé otra vez en el papa Francisco Bergoglio y le di las gracias nuevamente. Ahora tenía mi lengua distraída en los pezones de Pochita mientras esta gemía por más; luego tuvimos contacto visual y Pochita me besaba el pecho, luego el estómago y ahora entre las piernas sin perder la mirada el uno del otro. Pochita me dio una mamada que nunca olvidaré en mi vida, tampoco olvidaré sus ojos mientras me lo hacía. Transcurrido un momento pegó un brinco y empezó a cabalgarme mucho más fuerte y me exigía que le agarre las tetas y que siga moviéndome en ese ritmo; milagrosamente mis expectativas de débil y pusilánime amante cambiaron, ahora era el cowboy de Pochita y definitivamente estaba preparado para quien se atreva a cruzar mi lejano, salvaje y viejo oeste. Pochita gritaba “me vengo me vengo me vengo” mientras me impregnaba las uñas en los hombros (tengo que reconocer que me puso mucho más cachondo de lo que esperaba). Los ojos de Pochita se tornaron blancos y por fin se vino. Luego me dijo que era mi turno y ni bien terminó de hablar toda una sensación se expandió por todo mi organismo como una explosión nuclear. Nos quedamos en la cama por varios minutos y después de fumarnos un cigarrillo y tomar algo de champán, repetimos varias veces “el acto” en diferentes posiciones. Transcurridas las dos horas Pochita, fiel al laburo, me acompañó a la puerta.

Cuando salimos de la habitación Pochita había cambiado de atuendo. Ahora llevaba una bata sexy de seda; me guiñó el ojo y me dijo que podría regresar a recoger mi diploma cuando me apetezca. Fuimos a una sala donde el dj tocaba The Velvet Underground y nos pedimos unas copas. Luego vi a mi primo Vico quien se aproximaba hacia nosotros con un aspecto fantasmal como si hubiese tenido un trauma o algo parecido.

 

–  Primo ¿qué ha pasado?

–  Huevón nos tenemos que ir, ha habido un roche feo.

–  Pero ¿qué ha pasado?

–  Justo antes de hacerlo con Conchita fui al baño para echarme una ducha, tengo esa costumbre, y cuando salí Conchita estaba en el suelo, sudando frío, y tenía los ojos mirando el techo casi blancos, lo flipé, pensé que estaba meditando o algo así, le pregunté qué le pasaba pero no me contestaba y luego empezó a botar baba blanca por la boca, así que me tomó tiempo pensarlo, porque no quería manchar mi nombre en este lugar, te imaginas, la gente diciéndome asesino y yo cagado para toda la vida. Al final me decidí y llamé a Sebastián y solucionó el problema.

–  Joder Vico, ¿Conchita tenía antecedentes de enfermiza?

 

Vico no me contestó. ¡Felizmente que llamé a Sebastián primo! Mi primo Vico se veía muy afligido y ahora lloraba de impotencia y seguía hablando con una voz entrecortada, tensa, temblorosa: Ahora se la ha llevado la ambulancia, pero sin ruido, una clandestina que tiene este lugar en caso de emergencias. Una de sus compañeras me ha contado que Conchita está enferma desde hace tiempo, pero como necesita el dinero no falta al trabajo y por eso no quiere seguir el tratamiento del hospital; eso sí primo tú tranquilo, aquí están todas revisadas de VIH y otras enfermedades sexuales; lo que tiene Conchita es otra huevada.

 

Luego nos enteramos que Conchita sufría de cáncer a la sangre y cuando se la llevaron fue muy tarde porque llegó muerta al hospital…

 

Verano del 2015

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