Como jugar a ser Dios

elegida

por Carlos Allende

Tecleo Jack Trewal en Facebook. Intro. En varios segundos la página cambia y los videos y las fotografías de mis contactos desaparecen. Un treintañero de pelo castaño revuelto sonríe junto a una mujer pelirroja que parece bastante más joven que él. Una foto demasiado perfecta, pienso, deslizo mi dedo por la rueda del ratón y empiezan a aparecer enlaces a periódicos digitales, fotografías, comentarios de conocidos. A la izquierda sus gustos. Le gusta Alguien voló sobre el nido del cuco, La ventana indiscreta, El peso de tus ojos, Los besos que no están y El resplandor, salgo. Vuelvo a hacer scroll y clico en libros. La trilogía Millenium, Poe y Kafka, nada nuevo. También Walt Whitman. Nada nuevo. Atrás. Clico en música. Los Rolling, los Beatles, Sex Pistols, The Clash, Pearl Jam. Nada nuevo. Atrás. Subo. Clico en una de las fotos que aparece a la izquierda. Él con la chica de antes, a pesar de la poca luminosidad proveniente de las luces rojas del fondo, la foto es nítida. Su pelo rojizo brilla. Siguiente foto. El mismo día, van vestidos igual, él de traje negro, camisa blanca y corbata carmesí. Ella vestido negro largo, de tirantes y mucho escote. Hay más gente en la foto, todos se abrazan, dos chicas morenas, una de las dos con gafas, la otra con un peinado recogido a un lado. También un chico, que parece ser novio de la de las gafas, sonríe en la esquina de la foto. Paso el ratón por sus caras. La de las gafas se llama Emma Carlson, su novio, a su lado, Ben Mars, la chica del pelo recogido Lucy Mccar. Paso el ratón por la cara de Jack Trewal luego por la de su novia pelirroja, desafiante, sin nombre. La página me invita a etiquetar a mis amigos en la foto. Muevo el ratón. Paso la foto. ¿Quién es esa mujer? En la siguiente, al aire libre, las mismas personas están inmersas en un grupo más grande de gente que posa para la foto, algunos miran hacia otro lado, distraídos. Dos chicas se miran riéndose. En el suelo dos palomas. En el centro del grupo, una chica vestida de novia pasa el brazo por la cintura a un chico vestido de frac. A dos personas de la novia, la pelirroja mira fijamente a la cámara. ¿Me mira a mí? Vuelvo a mover la flecha del cursor hasta su cara. El cuadrado vacío, la invitación a etiquetarla. ¿Quién eres?, me pregunto en silencio.

En las siguientes fotos juegan a ser turistas en una ciudad que no consigo reconocer. Posan abrazados en un puente con un río azul al fondo, frente a dos Iglesias y una estatua en homenaje a algún muerto. Algunas fotos en las calles de la ciudad, la mochila y una botella de agua los delata como turistas. En otras fotos salen solos. Jack posa bajo un balcón verde con rejas negras. Ella, -¿quién eres?- imita una silueta dibujada en un muro mientras se ríe. Cierro el Facebook. Me froto los ojos. Me siento cansado. Una puerta se abre detrás de mí. Su pelo rojo brilla cuando la luz choca contra él. Ya sólo me queda una caja, dice, ya no sonríe, agarra una caja de cartón que espera sola en el suelo y sale por la puerta. Me quedo un rato con la vista fija en el vacío y cuando vuelve me sorprende preguntándome quién es la persona que acaba de estar en la habitación. Me voy, Jack, me dice. Eres diferente, digo, creo que no te conozco. Nunca lo has hecho, puntualiza. ¿Quién eres?, grito. Nadie contesta.

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