El problema de los tres cuerpos: narrativas de poder globales

por Álvaro Lorite

Es difícil pensar que, cuando Obama y Zuckerberg, dos de los referentes para la mayoría de los estadounidenses y gran parte del mundo occidental —un presidente, el hombre de acción, que supo encandilarnos con sonrisas, bailes y gestos corteses a los más desfavorecidos, sin dejar de hacer la guerra a quien lo merecía; y el joven universitario que levantó un imperio de la nada, que hoy en día soporta nada menos que el espionaje masivo para la recopilación de datos con fines comerciales (¿cómo no te va a querer el mundo del capital, Mark?)—, decía que cuando ambos hacen publicidad del mismo producto sería muy ingenuo pensar que estamos detrás de una coincidencia.

Si concretamente nos referimos a un libro, pensar que la calidad literaria del mismo ha llevado a los dos gigantes a hablar de él en público, justamente lo que pretende dicha operación de marketing, es casi más ingenuo que lo anterior.

Cuando nos hacemos con un ejemplar de El problema de los tres cuerpos, del autor chino Cixin Liu, en el resumen de la tapa trasera del libro encontramos ambas menciones al libro en público por parte de los susodichos. ¿Y qué tiene todo esto de reseñable? Pues que estamos hablando de un libro insólito, porque Cixin Liu es un escritor chino, que no ha salido de China en su vida, y siempre escribió para ese gigantesco continente camuflado en país. Quizá esto último parezca una perogrullada, pero si exploramos el mercado de novelas escritas por chinos que se han abierto paso en occidente, encontramos que la mayoría de ellos no se han criado en China o han vivido largos periodos de formación fuera, es decir, se han impregnado de nuestra cultura y sus ritmos.

En cambio Liu es un prolífico autor de ciencia ficción en su país —género que, por cierto, en China experimenta últimamente un boom reseñable, se trata de uno de los más leídos—, ha ganado varios premios y trabajaba en una central eléctrica en la región de Shanxi. El problema de los tres cuerpos (三体, a partir de ahora) ha sido el primer libro extranjero en ganar el premio más prestigioso de ciencia ficción en EEUU, una vez que fue traducido. Los encargados de la traducción de la obra al inglés fueron Tor Books, una editorial de género ciencia ficción y fantasía que pertenece al grupo Holtzbrinck, que se encuentra entre las cinco corporaciones multinacionales más grandes de publicaciones en lengua inglesa. Exactamente lo mismo que en castellano, en cuyo caso se encargó el Grupo Zeta, el gigante de las publicaciones español para el mundo hispanohablante, a través de su filial Nova.

La literatura es uno de los campos donde se disputan las narrativas de poder. A pesar de que hoy en día bien tendríamos que mirar hacia las industrias cinematográficas o de los videojuegos para ver cómo operan sobre nosotros las narrativas de poder, el mundo de los best-sellers sigue resultando significativo en su capacidad de impacto. ¿Qué entiendo por narrativas de poder? Creo que puedo resumirlo con una frase que dijo Servando Rocha en una reciente entrevista en relación a la postverdad: Son las mentiras que ansiamos creer porque confirman nuestro punto de vista. Desde el principio de los tiempos nos hemos inventado y contado historias que nos reconfortan, cada país ha construido sus mitos nacionales sobre hechos seleccionados y engrandecidos, fabricados de forma premeditada. A algo de esto me refiero. Las narrativas del poder son aquellas que nos cuentan cómo es el mundo de ahí fuera, qué mecanismos lo mueven y, al narrárnoslo, nos narran a nosotras, nos transforman. Aunque nos encontremos en el terreno de la ficción, estas narrativas operan de la misma manera.

En este terreno, 三体 arranca desde dentro de la Revolución Cultural china —hilando la historia pasada con el futuro en una trama que recuerda mucho a Matadero cinco de Kurt Vonnegut, usando la ciencia ficción para reflexionar sobre el pasado y nuestra historia—, ese periodo post-revolucionario en el que las diferentes filas y cuadros del PCCh comienzan una persecución contra altos cargos y militantes del partido por considerarlos contrarrevolucionarios.

La novela despega con los ojos de la protagonista, una niña, hija de importantes físicos, viendo cómo su padre es humillado y golpeado por defender los postulados de la Teoría de la relatividad ante un tribunal que lo condena por ceder ante el imperialismo cultural del occidente capitalista. He aquí un claro ejemplo de luchas de narrativa del poder que tiene un crudo efecto sobre la población. La Teoría de la relatividad es un campo puramente teórico, percibido por la narrativa de poder dominante como una investigación que no lleva a ningún puerto práctico. China aún no conocía el desarrollo de la bomba nuclear según nos cuenta la novela. Descubrimiento al que, por otro lado, se llega con cierta dosis de azar. Lo interesante de este comienzo es la dura crítica contra dicho proceso que ya parece haber interiorizado el gigantesco asiático, dado el asombroso éxito de la novela.

Además nos encontramos en el escenario de la Guerra Fría, en el que siempre se nos ha pintado a la humanidad polarizada en dos ejes, comunismo de la URSS frente al capitalismo de los EEUU. 三体 integra otro elemento de narrativas de poder al explicarnos el marco de la Guerra Fría abriendo un tercer punto de vista. El de una China que se siente la única portadora del verdadero comunismo frente al revisionismo ruso y el capitalismo occidental.

De este marco narrativo saltamos a la época actual, donde físicos teóricos de todo el mundo están siendo asesinados o se suicidan sin un motivo aparente. A esto le unimos la aparición de un misterioso videojuego de realidad virtual que nadie sabe de dónde ha salido. Sociedades secretas transnacionales cuyos objetivos no son claros. Todo ello entreverado con potentes párrafos de divulgación científica al estilo de la ciencia ficción dura. Una de las claves del éxito de Cixin Liu, creo, es la forma de entretejer los elementos de las dos grandes familias de este género, la social y la cientificista.

Pero en términos de narrativas de poder, eje de este ensayo, lo que 三体 no nos ofrece son duras y maniqueistas críticas contra el sistema maoísta o el capitalismo occidental, sino más bien el descontrol inherente a las dinámicas de poder de ambos movimientos. Analizando el trasfondo político de la novela, encontramos una bonita metáfora para explicar el desarrollo de las grandes potencias comparándolo con el problema matemático de los tres cuerpos —que da título a la novela—. Este problema matemático radica en la imposibilidad de definir o explicar mediante una fórmula las dinámicas entre tres cuerpos en el universo sin tener un eje de referencia, cosa que sí se puede hacer con dos cuerpos. Aunque tuviésemos ordenadores cuánticos superpotentes, el cálculo de las infinitas variables que podrían darse, llevaría más tiempo del que parece quedarle al propio universo.

Los grandes imperios de nuestra historia se han escapado al control de cualquier tipo de analista, cayendo en etapas caóticas que quizá no podamos nunca resolver debido a que nos enfrentamos, de la misma forma, a esas infinitas variables que jamás podremos teorizar en una fórmula. Esta idea, que subyace toda la novela, parece orientada a producir un acercamiento cultural entre los grandes rivales ideológicos del pasado. De ahí que las grandes industrias de la publicación hayan apostado por la obra de Cixin Liu. La estrategia de estas narrativas de poder parece ser la de preparar el campo de juego que viene con la implementación del capitalismo a nivel global —ya interiorizado en las áreas de poder del gigante asiático—: En el fondo todos somos iguales y aceptamos ese margen caótico que conlleva el desarrollo y el crecimiento, vamos juntos de la mano hacia el futuro.

Desde luego, no dejamos de lado el magistral ritmo y estructura narrativa que atraviesa toda la novela —así como las grandes sorpresas que nos tiene reservadas y que prefiero no desvelar por si te pica la curiosidad, eso sí aseguro un guiño alucinante a todos los seguidores de la saga de Neon Genesis Evangelion, relacionado con los ángeles y los aceleradores de Hadrones—.

Quizá esta sea la clave del extraño éxito de una obra que parece haber seducido por igual a nuestros vecinos —cada día este término se hace más literal— y a los que somos hijos del imperio occidental.

Imagen tomada de: CoahuilaDice.

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