Donde el valeroso Don Naruto de Reverte combatió muy fuertemente la invasión ‘refuyee’ que asolaba el Insigne Imperio Europeo

Por Álvaro Lorite

rescatado por un viajero del tiempo de un futuro no muy lejano

A veces salgo a dar paseos para liberarme de mi encierro en el cuartucho de Vallekas donde trato de vomitar mi tesis desde hace dos años. Debido al tiempo que le tengo que dedicar (del orden de cinco horas al día), apenas puedo trabajar repartiendo con la moto, a euro la entrega, y me abastezco sobre todo a partir de los mercadillos improvisados que se forman en las calles del barrio por las que deambulo. Desde hace decenas de años, los comerciantes tiran las mantas en las avenidas anchas y venden todo lo que te puedas imaginar. Los vecinos lo llamamos El Corte Inglés de Vallekas porque lo mismo puedes encontrar los últimos avances en tecnología, descargas de datos, televisiones u ordenadores, que cacerolas, ropa, utensilios del hogar o comida no perecedera.

El azar y la fortuna tuvieron a bien poner en mi camino un paquete de datos digitales que me descubrió un tesoro genial que me serviría para articular en mi tesis. Jalid me vendió tres paquetes de tabaco por algo más del precio habitual y descargó en mi móvil una ristra de artículos de prensa muy antiguos, de esos que ya no pueden encontrarse en la red. Y cuál fue mi sorpresa cuando encontré un artículo que hablaba sobre la figura de la que bebe el núcleo de mi trabajo: Don Naruto Pérez-Reverte.

Como magistralmente expuso Juan Carlos Rodríguez en su obra El escritor que compró su propio libro, la revolución literaria que inició Cervantes para el terreno de la novela, medio a ciegas -como debe ser en la literatura-, generó la novela tal y como se definía hasta mediados del siglo XXI, insertándola en el mercado capitalista naciente —derivado del inicio del paradigma del sujeto-yo-libre—, e insertando el mercado capitalista dentro de la misma. Este es el punto de partida de mi tesis y no me voy a extender mucho más en esto, quien quiera indagar puede adquirir el libro de Rodríguez en cualquier biblioteca. El ejercicio que realiza Cervantes con El Quijote es el de crear una obra en la que se entrecruzan varios sujetos-yo-libres que rompen el organicismo imperante en la literatura religiosa y cortesana de la época (el Ello es, el esto es así), entremezclando los «superventas» de las novelas de caballerías y las vidas cotidianas de la picaresca, géneros con mucho tirón en la época —porque como alguien dijo, la secreta ambición de quien escribe es ser leído—.

Y es que en El Quijote se entremezclan varios autores, entretejiendo lo que tradicionalmente se venía a llamar la realidad y la ficción, que hoy todas las escuelas literarias asumen como indivisiblemente fusionados. Es el inicio de la concepción de que escribir y leer es un hacer, que aboga por la identidad entre estas prácticas y la acción. El Quijote lo escribe Cervantes a partir de las notas arábigas de Cide Hamete Benengeli —aunque luego en su segunda parte se remitirá también a otros orígenes del manuscrito, esta vez en castellano en letra góticas—, pero realmente es el propio Alonso Quijano quien escribe en última instancia El Quijote, pues es él quien decide ponerse un nombre y nombrar toda la realidad que le rodea. Él crea a Rocinante, a Dulcinea, a sus enemigos y las localizaciones en las que se desenvuelven sus aventuras, insertando el género de caballerías en lo que sería la novela de vida de sujeto-yo-libre que escribe Cervantes, desde una óptica que utiliza los rudimentos de la picaresca. De esta forma entran en conflicto y se entrelazan las visiones de Hamete Benengeli (testigo de los hechos), Cervantes (interprete al castellano, que hace apuntes sobre la obra original y la comercializa y se introduce a sí mismo en la propia historia, ¿proto-auto-editor?) y Alonso Quijano (creador del Quijote). Todos ellos forman parte del texto y el texto los sitúa, a su vez, en la realidad, en la Historia. A partir de este punto y bebiendo de estas acciones —y otras similares, no otorguemos el monopolio de la revolución a Cervantes— se desarrolla toda la literatura burguesa hasta que llega la nueva revolución literaria que se gesta durante la primera mitad del siglo XXI.

Y aquí es donde entra la figura de Naruto Pérez-Reverte, poco a poco. Vivimos una época en la que los libros burgueses tradicionales están siendo empujados cada vez más hacia el ámbito académico y se alejan de las grandes poblaciones occidentales que nos guarecemos tras las Fronteras de Paz, aisladas de las guerras. La forma de novela que consumimos de forma más vasta es la que se produce en las redes sociales. Un formato que enfrenta al escritor con sus lectores en tiempo real, casi realizándose de forma simultánea los actos de escritura y lectura.

Es en estas redes donde se desarrolla la revolución de la novela, la nueva forma literaria que incorpora los rudimentos de la novela burguesa a la narración de la propia realidad, que acontece en el mismo instante en que es producida y leída. Una novela río que vive en tanto en cuanto vive la persona que la narra y se pierde en las mareas de publicaciones que la sepultan en cuanto acontecen nuevos hechos en la realidad a los que referirse por escrito. Tenemos el sujeto-yo-libre que redacta las lineas, entremezclado con los sujetos-yo-libres personajes de las mismas, que son los escritores últimos de estas ficciones-realidad, ya que ellos participan en los hechos que la persona que escribe plasma en sus caracteres. Los magnates de las redes sociales obtienen beneficios económicos en función de los clicks producidos en dichas redes. Estos a su vez derivan parte de esas sumas a quienes más seguidores y lectores proporcionan. De esta forma los nuevos novelistas se lanzan a narrar y describir lo que le interesa a la gente, lo que vende, lo que pasa aquí y ahora, cada cual con su estilo o escuela, generando un entramado de escenarios y personajes que tiene su correlación directa con lugares geográficos, instituciones vigentes y personas de carne y hueso.

Por poner un ejemplo, el origen de esta narración entremezcla a Jalid, personaje yo-libre que origina este texto al venderme unos datos, con mi yo-libre que narra los hechos y se inmiscuye en los mismos. Hasta aquí cumplimos con los cánones cervantinos.

Pero la nueva novela —que nos narra el mundo en el que vivimos al instante y lo suplanta en nuestro imaginario, en tanto en cuanto asumimos lo que se nos cuenta que ocurre al otro lado de las Fronteras de Paz, por ejemplo, como realidad que es y ocurre— incluye también a los lectores inmediatos y los asume en su narración de forma integral y no imaginada o metafórica. La nueva novela, enmarcada en la ideología que identifica totalmente ficción y realidad, nos narra nuestra propia realidad y de ella somos personajes y actores. Además y lo esencial aquí también es que la nueva novela transfigura la figura del editor en la figura de la compañía que sustenta la red social. Aunque aquí no nos referiremos a ellos, existen numerosos casos de textos eliminados por las políticas de dichas compañías.

El autor de letras españolas, antiguamente conocido como Arturo Pérez-Reverte, fue uno de los primeros en integrar la nueva ecuación en la estructura de la novela. El prolijo autor desarrolló la mayoría de su producción novelística en forma de artículos, entrevistas y twits que inundaron y surfearon las redes alcanzando una de las cotas de lectura más altas de sus tiempos en nuestro país. Desde sus inicios, se cumplía la función de que los lectores ya percibían esta novelización de la realidad como si de la propia realidad se tratase. Más tarde, tras su muerte, se demostró que todas sus novelas —refiriéndonos aquí a la concepción de novela burguesa que imperó hasta la primera mitad del siglo XXI, las novelas publicadas con editoriales— habían sido en realidad escritas por su hija y que él volcaba todo su trabajo intelectual en la creación de ese nuevo tipo de novela que narra el acontecer inmediato a través de la red.

Lo que aquí más nos interesa es la historia que tuvo lugar como reacción al hecho que encontré en la noticia que me vendió Jalid, perdida entre otros artículos. Todo comenzó cuando Pérez-Reverte recibió el XIII Premio Don Quijote de periodismo de manos de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (Aecid). Recordemos que en esta época aún no se habían identificado de forma total las categorías de ficción y periodismo, pero Reverte, como demuestra el hecho de que volcó su proyección literaria en esta faceta mientras relegaba a su hija, en la sombra, el papel de «escritor de ficción» que soportaría su imagen de intelectual, ya lo sabía. El artículo en concreto por el que se le otorgaba este premio —y la friolera de 9000 euros de la época—, Los godos del emperador Valente, marca dos hitos. Por un lado representa un punto de inflexión que dibujaba el cambio que se venía en las políticas migratorias en la Unión Europea, que acabaron blindando sus fronteras contra la migración, a pesar de que aún hoy existan resquicios por los que colarse, como indica la existencia de la familia de Jalid en Vallekas. El artículo identifica a los migrantes de la época con «oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros —en el sentido histórico de la palabra— que cabalgan detrás», lo cual se inscribe dentro de su discurso de alerta ante la invasión que sufría el imperio de las luces. Europa, poco a poco, se fue blindando con vallas, muros y la tecnología más avanzada, desarrollada por los lobbies de presión armamentísticos —grandes corporaciones de desarrollo y venta de armas, los señores de la guerra— en las instituciones. El ejemplo español de esto era, y es, la empresa INDRA. El mercado de la guerra estaba comenzando a generar pérdidas para estos señores de la guerra, por lo que diseñaron una estrategia comunicativa que se cristalizó en el tema de «la crisis de los refugiados».

El comercio de armas enfrentaba una época de duras pérdidas que canalizaron mediante la venta de materiales para blindar y custodiar las fronteras europeas frente a las migraciones de aquellas poblaciones que huían de las otras guerras que financiaban: el nacimiento de las Fronteras de Paz. Pero aunque tenían el poder necesario para imponer estas medidas a los gobiernos, para mantener la novelización de la democracia era necesario contarle una historia a los ciudadanos que les plegase a sus deseos. Pérez-Reverte demuestra aquí un nivel de análisis profundo de su realidad al posicionarse como soldado de vanguardia de esta guerra de palabras del imperio de las luces. Sabe desde el primer momento que está en el bando ganador, en el bando además que le proporcionará sustanciosas recompensas económicas que le elevan en el mercado capitalista que controla la literatura.

El segundo hito se produce cuando la oposición ideológica realiza su contraataque contra esto mediante técnicas de guerrilla de la comunicación en las redes sociales, siguiendo una estrategia que, pareciendo victoriosa, aseguró la derrota de quienes le hacían frente. A los pocos días, surge la imagen de Naruto Pérez-Reverte que consigue un gran seguimiento en las redes, fusionando al escritor con un personaje de un anime juvenil para ridiculizar al primero. Varios colectivos elevaron protestas por el hecho de que una fundación estatal orientada a la inclusión de la migración y la cooperación al desarrollo premiase las ideas del artículo de Reverte. Sin embargo, ahora entendemos que estaban presas de la trampa que Reverte ya había descubierto: creían que realmente existía una Europa que representaba sus ideales y luchaban por cambiarla, se encontraban presos de la novelización de Europa, ignorando lo que Europa era realmente: la encarnación de los poderes que la dominaban. He aquí la cuestión: ellos se sentían europeos, con opción a virar el timón del imperio. Cuando en realidad la dicotomía era: o bien te sientes europeo y aceptas lo que eres; o bien no te reconoces como tal y declaras la guerra a Europa desde dentro.

A esto se suma el error estratégico que trató de ridiculizar la figura del escritor. A los pocos días se organizaba un ataque de troleo masivo en el que se bombardeó al susodicho por tierra, mar y aire con la imagen de Naruto Pérez-Reverte hasta conseguir reacciones del escritor. Hay fuentes que afirman que el escritor, poseído por la ira, disparó a su hija en la rodilla durante una cena familiar por bromear con el tema. Pero tras la tempestad inicial, el escritor realizó la jugada magistral que le convirtió en heredero directo de Cervantes. Reverte vio inundada la red de la imagen del troleo, que se convirtió en un meme habitual, pero lejos de dejar que se desmoronara su imperio lingüístico, decidió cabalgar la figura del troleo y se refundó a sí mismo como Don Naruto Pérez-Reverte, emulando al famoso hidalgo de Cervantes.

Reverte operó en internet el mismo cambio que Alonso Quijano opera en la novela de Cervantes, pero introduce un nuevo elemento dado por el contexto: su lector trol. Ellos le crearon y él desarticuló su ataque al asumir la triste figura de Naruto, lo que le sirvió para arremeter en sus artículos con ferocidad y granjearse un sustancioso número de nuevos lectores en contra de todo pronóstico. Lo que viene después lo conocemos de sobra: el cierre de las fronteras, el triunfo de la imagen del refugiado que viene a conquistar nuestro insigne imperio. Reverte fundó la nueva ¿novela? que consiguió que la mayoría aplastante de un país se sometiese a la ficción que parecía emergida de un sujeto-yo-libre en forma de reflexión, que todos adoptaron como propia, y que en realidad obedecía a una compleja función que daba la vuelta a los planteamientos literarios e inauguraba un nuevo paradigma de comprensión de la novela. Y en este nuevo terreno de la novela podemos reconocer a los grandes escritores de nuestros días.

Modo lecturaÁlvaro Lorite. Desconfío de todo aquel que se dice poeta, desconfío de toda aquella que se dice artista. Los nombres los otorga nada más la cópula del tiempo y la suerte, lo demás es... Leer más

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