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Ángel Talián Ny Sf Ny

Ángel Talián (foto)

(Madrid,1985).

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Miembro de la asociación del ‘Diente de Oro’, en la que codirigió el ciclo de recitales ‘Vitolas del Anaïs’. Codirigió la revista ‘Letra clara’ de la Facultad de Letras de Granada.
Ha publicado la plaquette El último verano (Vitolas del Anaïs, 2008). Obtuvo la mención especial de los premios Federico García Lorca 2009 con el libro de cuentos With or wihout you (Point de Lunettes, 2010). Fue ganador de ‘La voz + joven’ de la Obra Social Caja Madrid 2011. Su último libro, La vida, panorámica (Rialp, 2013) obtuvo un accésit del Premio Adonáis 2012. Dirige el proyecto Los versos más míos. Su libro La paciencia salvaje aparecerá en otoño de 2015 en la editorial Amargord.

por Ángel Talián

Ida

Las nubes eran sólo acompañantes de pago
y el motor una canción de cuna.
Yo estaba cansado y tu voz era mi cama,
te acordaste de aquel poema de Quiñones,
la eterna dialéctica entre el Sur y el Nor,
y luego de la guerra de secesión.
Dijiste algo sobre la esclavitud
que a veces el futuro nos impone
pero yo me empeñaba en la nostalgia.
Cruzamos Wyoming y decidiste entretenerme:
un dependiente de una zapatería que finge su muerte,
llama a su familia y les dice adiós,
toma un avión y cruza el atlántico hasta California,
un francés, casado, con hijos, feliz.
Mientras tú me contabas aquella historia
nos dieron de comer una pasta insulsa
y nos ofrecían vino con tapones de rosca.
Las azafatas nos sonreían con sus dientes de sol,
volábamos en Delta pensando en el regreso.

Vuelta

Volábamos en Delta pensando en el regreso,
las azafatas nos sonreían con sus dientes de sol
y nos ofrecían vino con tapones de rosca.
Nos dieron de comer una pasta insulsa
mientras tú me contabas aquella historia:
un francés, casado, con hijos, feliz,
toma un avión y cruza el atlántico hasta California,
llama a su familia y les dice adiós,
un dependiente de una zapatería que finge su muerte.
Cruzamos Wyoming y decidiste entretenerme
pero yo me empeñaba en la nostalgia
que a veces el futuro nos impone.
Dijiste algo sobre la esclavitud
y luego de la guerra de secesión,
la eterna dialéctica entre el Sur y el Nor,
te acordaste de aquel poema de Quiñones.
Yo estaba cansado y tu voz era mi cama
y el motor una canción de cuna.
Las nubes eran sólo acompañantes de pago.

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