Si el sueño de la razón produce monstruos, sus comienzos engendran hadas.

El artista no es un creador de sociedad […] ni un mero espejo pasivo de la misma, sino un miembro de la comunidad que no puede aislarse de las condiciones del espacio que habita, ni debe eludir las responsabilidades éticas y políticas que implica su posición en dicho medio.

Suzanne Lacy

Por Las abejas obreras

El límite es la piedra de toque dentro de la construcción ideológica del discurso del miedo. Este discurso permite al sistema modelar nuestras formas de conducta a todos los niveles, cómo nos relacionamos entre nosotros, con el espacio público y de forma sutil lo que consideramos aceptable y lo que no, tanto a nivel físico como mental. Estos límites móviles se adaptan a los intereses socioeconómicos de los elementos de poder y construyen nuestros temores; somos consumidores de miedos como si fueran modas, es por esto que tenemos que utilizar una mirada nómada para detectarlos. Estos miedos encarnados son los monstruos. Más allá de las primeras categorías de Foucault en Los anormales dónde distinguía al diferente entre loco, incorregible y monstruo, según habláramos de criminalidad, sexualidad o fisicidad, los monstruos son todo aquello que se sale de la norma, ya sea activa o pasivamente, todo ser que no se adapta a los criterios establecidos; desde los monstruos matéricos, mutilados, enfermos o deformes hasta los monstruos fronterizos, opresores y oprimidos, los que sufren las normas de la carne o el monstruo más peligroso de todos, el monstruo que muerde, el monstruo desobediente, el que activa y de forma consciente traspasa el límite ya sea para destruirlo, repensarlo o simplemente señalarlo, el monstruo que se organiza al margen, el que no se deja deformar y pervertir para convertirse en símbolo de lo que no es.

Como monstruos desobedientes debemos remitirnos a nuestros orígenes, al germen de nuestra iconografía y es por esto que repasamos brevemente la simbología de varios cuentos de hadas, analizando la creación de una serie de arquetipos femeninos que se perpetuarán a través de la cultura popular y la industria del cine animado, porque sólo cuando podamos detectar nuestras cadenas seremos capaces de cortarlas.

Cenicienta

Había una vez un caballero que se casó en segundas nupcias con la mujer más altiva y orgullosa que jamás se hubiera visto. Esta mujer tenía, de un marido anterior, dos hijas que eran en todo exactamente iguales a ella. Por el contrario, la hija que aquel hombre tenía de su primer matrimonio era, aparte de ser más joven que ellas, un dechado de dulzura y bondad, cualidades que había heredado de su madre, la criatura más buena del mundo.

Este es el cuento más antiguo de que se tiene constancia, fue escrito en el s.IX d.C. por primera vez en China. Su origen es el motivo de la importancia que adquiere el pie —y su tamaño— en el texto, que aparece como un símbolo de virtud, distinción y belleza.

Cenicienta es un relato sobre la rivalidad fraternal. El «vivir entre las cenizas» era una expresión común en la cultura centroeuropea y representaba un estado de inferioridad y degradación. Este personaje cumple las características del pensamiento cristiano respecto a la mujer. Es trabajadora, humilde y a pesar de las vejaciones de sus hermanas, mantiene el amor hacia sus hermanastras. En la versión de Perrault, la más edulcorada, la protagonista es demasiado sosa e insultantemente buena, carece de toda iniciativa y elige dormir entre las cenizas autodegradándose.

La analogía de la ceniza la podemos encontrar en el cuidado del fuego sagrado en Roma, con las vírgenes vestales. Estas, en un principio servían tan sólo cinco años y eran escogidas entre los seis y diez años, edad que suponemos, Cenicienta tenía al comienzo de sus tormentos. El hecho de estar al cuidado del fuego implicaba una pureza total e inocencia que era recompensada con el matrimonio con un noble, al igual que ocurre en Cenicienta.

Blancanieves

Había una vez, en pleno invierno, cuando los copos de nieve caían sin cesar del cielo, una reina que estaba sentada junto a un ventanal cuyo marco era de ébano negro. Mientras cosía, miraba la nieve a través de la ventana, pero, de pronto, se pinchó un dedo y tres gotas de sangre cayeron sobre la nieve. Aquel color rojo era tan bonito sobre la nieve blanca que la reina pensó para sí «Me gustaría tener una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y con el cabello negro como la madera de esta ventana». Poco tiempo después, tuvo una niña blanca como la nieve, roja como la sangre y con el pelo negro como el ébano; y por esta razón la llamó Blancanieves. Al poco tiempo de nacer la niña la reina murió, y al cabo de un año, el rey volvió a casarse…

Así comienza la versión de los hermanos Grimm. En otras, Blancanieves es encontrada en mitad del bosque por el rey y la reina. En cualquier caso la niña es una intrusa y lucha por el amor del padre con la esposa de este, pero sólo a partir de que la protagonista cumpla la edad de siete años.

La simbología numérica es vital en los cuentos de hadas, por ahora han aparecido el tres y el siete. Las tres gotas de sangre implican un carácter sexual, el tres es asociado en el hombre al pene y los testículos y en la mujer a la vagina y los pechos, mientras que el rojo está cargado de una simbología sexual como podemos comprobar en Caperucita Roja. El hecho de que la madre de Blancanieves deba sangrar para concebirla es una analogía con la menstruación como hecho indispensable para la concepción.

Dejando de lado la psicología del cuento, con los claras referencias a los mitos de Edipo y Narciso, nos centraremos en el papel que ejercen los caracteres femeninos.

Blancanieves representa todas las virtudes que hemos visto debe reunir una mujer para ser aceptable: es bella, obediente, buena y sumisa. Su belleza es su perdición, no sólo porque la hacen objetivo de los celos de su madrastra, sino porque crean en ella la vanidad que nubla su juicio y le permite caer en las trampas de quien la quiere muerta.

Blancanieves representaría el arquetipo de doncella.

Por otra parte está la madrastra, símbolo de que toda mujer que esté en una situación de poder lo utilizará para su propio beneficio, causando caos y destrucción a su alrededor. Este arquetipo femenino, también de extremada belleza, estaría representado por la hetaira. La reina es un personaje extraño, extranjero a la unidad familiar inicial, que seduce al rey con sus encantos, lo hace débil, y propicia el caos a su alrededor.

Los personajes masculinos de la historia, cuando están presentes, siempre saldrán al rescate de la doncella, dándole cobijo o librándola de la muerte. Están representados por el cazador, los enanos y el príncipe. El cazador ejecuta el papel de padre, ya que el propio está ausente, cuando es una niña. En el proceso adolescente hacia la madurez, cuando más activa es la protagonista a nivel sexual, se ve rodeada de hombres a medio desarrollar que se consideran inofensivos para ella. No es hasta que se completa como mujer cuando aparece la próxima figura que velará por ella, el príncipe. En esta evolución se ven reminiscencias del traspaso de poderes de padre a novio durante el matrimonio.

La manzana simboliza el amor y el sexo, un símbolo que se repite desde los mitos griegos con el juicio de Paris o el Génesis con Eva. En este cuento así como en los otros relatos lleva consigo la destrucción y tragedia.

La Bella Durmiente

Había una vez un rey y una reina que se encontraban muy tristes porque no tenían hijos. Tanta era su tristeza que no puede expresarse con palabras, mas aunque se esforzaron por remediarla, todos sus intentos resultaron inútiles. Visitaron todos los balnearios y manantiales del mundo; hicieron votos, peregrinajes; lo intentaron todo, y de nada les sirvió.

Así comienza el cuento de la Bella Durmiente. Al poco tiempo la reina consigue quedarse embarazada y durante el bautizo se olvidan de invitar a la octava de las ocho hadas del reino, ya que creían que había muerto, al sentirse ofendida y ninguneada, se venga y condena a morir a la niña por el pinchazo de un huso. Por suerte la más joven de las hadas quedó la última y puedo contrarrestarlo, siendo la condena un sueño de cien años; transcurrido ese tiempo el hijo de un rey vendría a despertarla.

En la versión de Basile un rey encuentra a la princesa mientras buscaba a su halcón y al quedarse prendado de su belleza se acuesta con ella. La princesa, aún inconsciente, queda embarazada y al tiempo da a luz a dos gemelos que se amamantan de ella. Un día uno de los recién nacidos succiona el dedo pinchado con la rueca y le saca la astilla maldita. La reina de esta historia al enterarse de las aventuras de su marido, llena de celos, intenta matarlos a los tres y dárselos de comer a su marido.

En las versiones más conocidas de los Hermanos Grimm y Perrault, el hecho de que la protagonista sea violada mientras duerme no se considera apto para todos los públicos y es eliminado. Perrault además ridiculizará a los mitos de hadas, robándole ese aura de misterio, con sátiras sobre la ropa pasada de moda de la princesa o que la reina quisiera comerse a los infantes con salsa Robert.

En cuanto al trasfondo de este cuento, el psicoanálisis nos cuenta que habla de los inicios de la etapa adolescente en la cual se dan todos los cambios internos, el momento en el que uno se vuelve hacia sí mismo para encontrarse, y entra en un estado de sopor y pasividad.

Resulta curioso cómo en este cuento se vuelve a repetir la metáfora del dedo herido y la gota de sangre para representar la menstruación, y cómo es el príncipe o rey, quien debe sacar a la princesa de su estupor de nuevo con la «demostración de su amor».

Desconocemos en los cuentos los sentimientos de las protagonistas. Su libertador de algún modo demuestra su amor o interés por ellas, pero estas acatan pasivamente que alguien las ame, sin cuestionar su situación ni el devenir de esta, sus ambiciones o fracasos. Todo esto ha ido calando lenta y firmemente en el imaginario colectivo.

¿Cómo nos afectan los arquetipos asumidos a la hora de crear cualquier tipo de obra que creemos original? ¿Somos capaces de reutilizarlos y pervertirlos desde dentro? ¿O en cambio estamos condenados a repetir patrones disfrazándolos con nuevas ideologías?

Colorín, colorado…

1 En otras versiones debido a la escasez de nieve, las tres gotas caen sobre mármol, leche o queso blanco.

Althea y de Bizet
Modo lecturaLas abejas obreras se caracterizan por tener una lengua extremadamente larga y una visión más desarrollada que el resto de sus compañeras. Gracias a esta visión periférica las componentes de este colectivo recolectarán... Leer más

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