Prácticas artísticas feministas para principiantes. Contar una genealogía feminista.

Imagen destacada feminismo y arte

El feminismo es la convicción de que el género ha sido, y continúa siendo, una categoría fundamental para la organización de la cultura. Es más, el modelo de dicha organización tiende a favorecer a los hombres en detrimento de las mujeres

Peggy Phelan.

Por Las abejas obreras

Siempre que comenzamos una conversación sobre prácticas artísticas y feminismo, surge un problema: tendemos a pensar que el conocimiento sobre mujeres artistas tan básicas como Esther Ferrer, Pilar Albarracín, Concha Jérez o Marina Núñez es general. Todo el mundo las conoce. Y no es así. Fuera de los espacios especializados, son mujeres artistas que aun siendo artistas consagradas, con carreras muy asentadas, con grandes proyectos a sus espaldas, siguen siendo unas desconocidas totales una vez que te alejas de las facultades de bellas artes, y en el mejor de los casos, una vez que te alejas de los departamentos de historia del arte.

El año que una de nuestras abejas obreras cursó su máster, decidió crear un proyecto transmedia en el que se recogiera en un blog todas y cada una de las biografías de mujeres artistas que fuera encontrando. Basándose sobre todo en la propuesta artística que hacía una fotógrafa. Ella cogió todas las fotografías míticas de los grupos de artistas de las vanguardias, plagados de hombres, y cambió los nombres de estos «Popes» de la plástica contemporánea por los nombres de las mujeres que habían sido parte de estos movimientos y escuelas pero que a ojos de críticos, historiadores y sociedad no merecían estar en aquellas fotos — respecto a esto, hace falta recordar la famosa anécdota que protagonizaron todos los «irascibles» cuando el fotógrafo de LIFE sugirió que apareciera Hedda Sterne. Porque Hedda Sterne, su coquetería y su gorrito, le quitaban toda la solemnidad a las fotos si salía en ellas.

Podía haber más de 100 mujeres artistas en este trabajo. ¿Qué representan 100 mujeres artistas en más de 100 años de prácticas artísticas contemporáneas? Pues muy poco. Pero ese ejemplo da una imagen clara y concisa de todo el trabajo que queda por hacer en la genealogía feminista de las artes plásticas en particular, y de las prácticas culturales en general.

Por ello, utilizar una sección como esta para desarrollar genealogías feministas desde las prácticas artísticas y culturales se vuelve casi una necesidad. Y es por ello que decidimos comenzar nuestra participación trayendo a colación una introducción pequeñita de lo que supone la genealogía feminista en la historia de las artes plásticas.

Para acercarnos un poco a las prácticas artísticas feministas, necesitamos situarnos en un espacio teórico, conceptual y contextual que tiene su punto de partida en los años sesenta. Inspiradas por los movimientos pacifistas y estudiantiles en Europa, la influencia marxista y por movimientos intelectuales como el posestructuralismo y el posmodernismo.

Con esto, las mujeres empezaron a agruparse y a formar asociaciones y grupos de concienciación en los que las conversaciones y debates, destaparon finalmente más modelos de discriminación, y que prontamente pasaron de ser «hechos aislados» o «vivencias personales» a tomarse como una consecuencia de las estructuras políticas establecidas.

Las feministas verán las prácticas artísticas como una forma de reivindicar una revisión política y personal, desde la revisión del número de mujeres en galerías y museos, hasta la degradación de las mujeres a nivel simbólico, laboral y político en las artes.

Ellas mismas crearán su originalidad desde las prácticas artísticas, hasta ahora condicionada y medida por otros parámetros institucionales o de venta. Por ejemplo, el hecho de que Rosemarie Trockel utilice la lana y el material para sus obras, hace pensar en lo patriarcal de este asunto, ya que ¿desde cuando se ha tomado esto como un tipo de soporte? ¿No es un soporte «típico y deficiente» «de mujeres» y «sin ninguna carga ideológica»?

Al hacer este análisis, vemos cómo ridiculizar o cuestionar soportes como éste, supone la negación, asumir la deficiencia del arte feminista y por ende, el arte hecho por mujeres.

España es un país que se enfrenta a una importante dejadez de la historiografía por la historia de las mujeres artistas, y más sobre las mujeres que han tratado temas feministas en a lo largo de su obra. Numerosos investigadores coinciden en la ausencia de un seguimiento de estas manifestaciones artísticas, que ha llevado a tener inmensas lagunas y pocas cabeceras reconocidas a un nivel mayor, a diferencia de los ejemplos que hemos podido ver en otros países. Esto se materializa en un vacío de información que es significantemente difícil de cubrir, haciendo pensar que las obras que tratan cuestiones de género son menores o menos habituales en el arte español.

Esto no quiere decir que no hubiese manifestaciones artísticas desde todas las perspectivas del feminismo, sino que estas prácticas artísticas se hicieron de manera difusa y tuvieron un carácter fragmentario, e incluso obviando cualquier discurso de la obra que apelase a la identidad sexual y de género, que estaba oscurecido además por el deseo de cambio político, lo que impedía aun más interpretar o hacer una carga feminista fuerte y clara desde el arte.

Es a principios del siglo XX cuando, con el cambio ideológico que se produce en España antes de la Guerra Civil, aparecen casos, siempre aislados de mujeres artistas, casos como el de Remedios Varo o Maruja Mallo. La importancia principal de estas mujeres es que fueron un punto y aparte en España, manteniéndose firmes en sus propósitos e identidades, pero se mantuvieron a la vez aparte de las corrientes europeas que en ese momento comenzaban a gestarse y durante su vida, tampoco se mostraron partícipes de las mismas. Esto además, tuvo un hándicap de consecuencias importantes: con la llegada del franquismo se corta por completo este progreso de las mujeres, y tendrá que ser en 1960, cuando éstas vuelvan a poder reividicar públicamente sus derechos. La posición de las mujeres que querían seguir con sus carreras artísticas, estuvo marcada por la dificultad, para situarse al mismo nivel de los hombres.

Será a principios de los 90 cuando comiencen realmente a proponerse grandes exposiciones y retrospectivas en las que se hable abiertamente no sólo de las preocupaciones del movimiento feminista, sino del movimiento feminista en relación con sus prácticas culturales y artísticas y las relaciones que se establecen tanto con las instituciones como fuera de ellas.

Como vemos es un ámbito que aún sigue conformándose, cuestionándose y creando nuevas vías de trabajo, aparte de un intenso debate político sobre la labor expositiva, de mediación y de difusión para estas manifestaciones culturales.

Os dejamos con algunas preguntas para la próxima entrega de nuestra sección. ¿Cuál es la situación actual de las prácticas artísticas y del feminismo? ¿Qué ha pasado con las artistas que aquí nombramos? ¿Se ha institucionalizado el activismo intrínseco a la práctica artística feminista? ¿Es lo mismo prácticas artísticas feministas que «de mujeres»?

Nos despedimos citando a la gran Linda Nochlin, llevando al extremo la contradicción:

¿Qué habría ocurrido si Picasso hubiera sido niña? ¿Habría prestado el señor Ruiz tanta atención o habría estimulado la misma ambición por alcanzar el éxito en una pequeña Paulita?

Althea y de Bizet
Modo lecturaLas abejas obreras se caracterizan por tener una lengua extremadamente larga y una visión más desarrollada que el resto de sus compañeras. Gracias a esta visión periférica las componentes de este colectivo recolectarán... Leer más

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