Gonzalo Lozano

Foto Gonzalo Lozano

Paseándose dos caballeros estudiantes por las riberas de Tormes, hallaron en ellas, debajo de un árbol, durmiendo, a un muchacho de hasta edad de once años, vestido como labrador; mandaron a un criado que le despertase; despertó y preguntáronle de adónde era y qué hacía durmiendo en aquella soledad. A lo cual el muchacho respondió que el nombre de su tierra se le había olvidado, y que iba a la ciudad de Salamanca a buscar un amo a quien servir, por solo que le diese estudio. Preguntáronle si sabía leer; respondió que sí, y escribir también.

–Desa manera –dijo uno de los caballeros–, no es por falta de memoria habérsete olvidado el nombre de tu patria.

–Sea por lo que fuere –respondió el muchacho–; que ni el della ni el de mis padres sabrá ninguno hasta que yo pueda honrarlos a ellos y a ella.

–Pues ¿de qué suerte los piensas honrar? –preguntó el otro caballero.

–Con mis estudios –respondió el muchacho– siendo famoso por ellos; porque yo he oído decir que de los hombres se hacen los obispos.