Corramos el tupido velo del fútbol

En los últimos meses hemos visto cómo han ido saltando a la escena pública noticias sobre la evasión de impuestos de determinados integrantes del mundo del fútbol, pero la noticia sin lugar a dudas ha sido la amplia sorpresa de muchos ante el escenario exhibido en los medios de comunicación, donde sus ídolos caían al inframundo y se hacían terrenales para convertirse en personajes públicos más parecidos a Rodrigo Rato que a un dios. Todo ello ha llevado a muchos a enfundarse la camiseta de su equipo para defender a unos conciudadanos que no están cumpliendo son su labor cívica planteando la posibilidad de la existencia de una campaña mediática contra los intereses futbolísticos de su equipo y su comunidad. En otras palabras lo consideran una amenaza y un ataque a su pasión, representada en un equipo de fútbol, llevando a muchos a vitorear ante la puerta de los juzgados a sus ídolos inmortales. Y la gran pregunta es: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La respuesta a esta pregunta nos puede llevar a la verdadera noticia que nunca contarán.

El fútbol es el deporte más popular del mundo y todo el mundo lo sigue a nivel planetario, esta condición hizo y hace que el fútbol sea utilizado aquí y allá para muchos propósitos. El fútbol puede enseñar a niños valores como el trabajo en grupo o el compañerismo pero también sirve para sostener Dictaduras y legitimarlas internacionalmente a través de la celebración de campeonatos que son emitidos por televisión, donde todos sabemos que no se ve toda la realidad. Pero sobre todo y desde que Joao Havelange (expresidente de la FIFA) determinó que «él vendía un producto llamado fútbol» este se ha convertido en un gran negocio donde las pasiones se confunden con intereses de corporaciones, y la defensa de la pasión por tu equipo a veces conlleva la defensa de esta corporación de forma inconsciente.

Como he dicho antes la televisión tiene mucho que ver en esto. Desde que en los años noventa el fútbol comenzara su inclusión en el proyecto de la globalización, y sobre todo pasara a ser un producto primordial en la oferta televisiva, las pasiones se juntaron para mezclar la ficción con la realidad y confundirnos para así no diferenciar entre las responsabilidades como ciudadano y la evaluación profesional de una persona que consideramos un semi-dios, y así servir a corporaciones cuyo único interés es ganar dinero a costa de la ilusión de esos apasionados hinchas que darían todo por ganar partidos. La creación de espacios únicos en televisión en prime time donde la trivialidad es la tónica, le ha dado una excesiva importancia en la escena pública a un debate banal y estéril de fútbol donde nos tragamos esas cifras mareantes y esos movimientos gigantescos de capital hipnotizados. Este escenario lo miramos absortos contemplando solo que el fichaje de mi equipo es un hándicap para la consecución de la copa de turno, obviando la poca transparencia de la que el mundo de los negocios ha bañado a un deporte que a grandes rasgos surgió de la ilusión de unos trabajadores organizados en un sindicato.

Esto nos invita a reflexionar ya que como he dicho antes, de forma inconsciente e irracional, defendemos a nuestro equipo y a nuestros jugadores a capa y espada como si fueran un hijo aunque este cometa delitos que no perdonaríamos a nuestro vecino del bajo o al político de turno. La crítica que realizan muchos hinchas ante este debate solo es útil cuando sirve para desprestigiar a tu enemigo deportivo. Sin embargo, cuando la sanción se dirige hacia tu comunidad esta se plantea como una escabechina contra ti y tu equipo. Al final el debate recae en cuestiones sobre quién es el mejor o el peor deportivamente en vez de dirigirse hacia el cuestionamiento del buen hacer de unos individuos que son ciudadanos como todos y que por ello tienen obligaciones.

Todo esto ha sido utilizado en favor de los intereses de las corporaciones que integran el fútbol para ganar dinero y fama cuando el nivel de transparencia es escaso y se realizan actos que dejan mucho que desear: niños que son comprados o vendidos como mercadería, obreros que son saqueados cada temporada con el aumento del precio de las entradas, etc. Actos que sólo servirán para agrandar el superávit que se repartirán los miembros de un consejo de administración. Es tal la confusión que se ha generado al respecto que incluso miembros del poder judicial de España han parado la publicación de una información que destruiría esa visión idílica que muchos tienen del fútbol debido a la imagen distorsionada creada por los mass media. Esto solo sirve para esconder la suciedad que hay dentro del negocio del fútbol —que nada tiene que ver con el futbol—, y además dota de impunidad a las corporaciones que se esconden detrás de una gran chilena o de un gran gol para hacer negocio de forma sucia y deleznable.

A aquellos que, como decía el maestro Eduardo Galeano, somos vagabundos de jugaditas, poco nos interesa el quién lo hizo peor, como si ganáramos algo con eso. Lo único que nos interesa es que cumplan con las normas que todos debemos cumplir separando de forma clara la pasión por el equipo y nuestras exigencias democráticas básicas. La evasión de impuestos no es una noticia novedosa cuando repasas la cantidad de proyectos futbolísticos que tiene detrás la acumulación de capital al precio que sea. Sirva de ejemplo el CD Cambados que cayó en el olvido tras la «Operación Nécora», ya que este equipo servía a narcotraficantes en su objetivo de blanquear dinero, jugando por otro lado con la ilusión de muchos hinchas. Por ello, la defensa de aquellos a los que nos gusta el fútbol en esencia debe ir en la dirección de defender la democracia y el respeto a las obligaciones comunes sin que veamos en este acto una traición a la pasión por nuestro equipo. No podemos ayudar a que el fútbol sea un agujero negro donde todo vale y tampoco debemos legitimarlo. Tenemos que ser conscientes de la existencia de ese tupido velo que poco a poco nos han ido poniendo en la cara a través de muchas horas de debate estéril y trivial, donde no cabe la posibilidad de contemplar la utilidad democrática, comunal y colectivizadora del fútbol. Debemos ser aficionados activos y exigir sanidad democrática en el fútbol porque el fútbol como decía Bill Shankly (mítico entrenador del Liverpool) «no es una cuestión de vida o muerte, es algo más que eso».

Lorenzo Heredia
Modo lecturaLorenzo Manuel Heredia López. Nació el 24 de Octubre de 1984. Oriundo de Motril, vive en Granada desde 2004 donde actualmente reside defendiendo su lugar de origen. Es Licenciado en Ciencias Políticas y... Leer más

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