Entrevista con Pablo Brescia

Foto con Pablo Brescia

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→ Hola Pablo. La primerísima pregunta se ha formulado ella sola, yo no he tenido nada que ver. Navegando por internet en busca de todo lo que pueda saberse sobre ti, es muy fácil llegar a relatos tuyos, comentarios sobre tu obra, comentarios tuyos sobre otras obras, alguna entrevista, algunas reseñas. Pero imposible hallar el más mímino atisbo de una biografía (apenas unas líneas en tono claramente humorístico). Ni siquiera en las entrevistas. De hecho, en tu primer libro te ‘escondiste’ detrás de un tal Harry Bimer.

Comprenderás que extrañe encontrar que un escritor define su figura de autor a través de su obra, cuando estas dos instancias suelen ponerse en diálogo.

¿Tiene Pablo Brescia una figura de autor?

[Risas]. Antes que nada, muchas gracias por la oportunidad de charlar contigo, Munir, de literatura. Es una muy buena pregunta. Lo primero que se me vino a la cabeza cuando me la estabas preguntando es que en lo que escribo hay una lucha constante entre vida y literatura. Muy clara. Conviven incómodamente, la una y la otra. No había reparado en ese hecho, pero me parece que el inconsciente me jugó una mala o una buena pasada y me controló la manera de presentar. Es como si dijera “la obra se presenta sola y la vida hay que resguardarla”. ¿Quién es Pablo Brescia? Como escritor es alguien que nació en un determinado país, Argentina, que emigró pronto, que vive en otro desde hace muchos años, y a quien siempre le gustó la filosofía, estudió filosofía, y terminó haciendo un doctorado en literatura, y a quien siempre le gustó leer y escribir como maneras de entender el mundo y, sobre todo, maneras de sobrellevarlo. Creo que la literatura me ha sacado de muchos aprietos, y eso es algo que no se puede pagar. Hay amores en la vida muy fuertes, ¿no?, pero el amor de los libros me parece muy generoso. Están siempre ahí. Las personas y los perros y los gatos y las mascotas que tengas vienen y se van y te quieren y… y un libro está ahí, te está esperando en un anaquel, y tú vas y extiendes el brazo y lo abres, y ya está. Y el romance comienza otra vez. Y te nutre, ¿no? Realmente es maravilloso en ese sentido.

→ ¿Conoces bien España?

No. Como decíael narrador de “El Sur” de Juan Dalhmann, era más su conocimiento literario que su conocimiento vital. Primero la conocí a través de la literatura, de la Castilla de Machado, El Quijote…

Después, mi primer viaje lo hice en los 90, y le debo a España haber llegado a Europa, porque gané un concurso siendo estudiante, por el día del libro, el día de la muerte de Cervantes, y el primer premio era un viaje a Madrid y 500 dólares, y el segundo premio eran libros y el tercer premio eran libros. Era un concurso de ensayos. Como era muy joven y no tenía dinero, pensé “por ahí si me saco el tercer premio recibo algunos libros y empiezo a armar la biblioteca”. Y curiosamente no escribí sobre El Quijote, escribí sobre un entremés de Cervantes, y gané el premio. Y fui a Madrid.

Después, durante mi maestría y mi doctorado, mis mejores amigos eran vascos. Una chica de Vitoria, uno de San Sebastián y uno de Bilbao. Y entonces uno de ellos me invitó a conocer el País Vasco. Eso fue lo primero que conocí. Fue una experiencia inolvidable.

Volví a Madrid una vez más, en 1998, por un congreso en la Universidad Complutense. Fue un acontecimiento porque los reyes vinieron a cerrar el coloquio. Así que conocí a Juan Carlos y a Sofía en los jardines reales. Fue una ocasión muy real. Estuve pocos días.

La imagen que me queda de España es la de las plazas con las fuentes, muy de Buenos Aires eso. Me gustaba mucho sentarme ahí a ver pasar la vida.

→ ¿Y “nuestra” literatura?

La literatura actual española la conozco poco. Conozco a Fernández Mallo, a Bonilla… Te voy a dar una respuesta muy de latinoamericano: el autor que más he leído en los últimos tiempos es Enrique Vila-Matas. Me gusta mucho. Después, la literatura española es una marca para nosotros, para Latinoamérica. Es una parte del canon. Recuerdo que disfruté mucho de leer, cuando estudiaba, la poesía de la Generación del 27. Me parecían fuera de serie. Creo que ese momento poético, en España y en Latinoamérica, no se ha vuelto a repetir. Lorca, Aleixandre, Cernuda, Vallejo, Neruda, Huidobro… Fue un antes y un después. Y me gustaría conocer un poco más lo que están haciendo los escritores ahora.

→ Te iba a hacer una pregunta sobre los campos literarios español y argentino, pero se me ocurre otra que puede ser más interesante: ¿qué diferencia el campo literario argentino del de la literatura en español escrita en Estados Unidos?

[Risas]. Esa pregunta es muy graciosa, porque yo creo que no existe (o recién está empezando a existir) un campo literario en español en Estados Unidos. Están los llamados latino writers, escritores de ascendencia hispana que escriben en inglés. Ya hay varios conocidos y premiados. En términos de identidad son autores que vinieron muy jóvenes a Estados Unidos, y no dominan el idioma. Entonces la ligazón con el idioma es siempre una ligazón doméstica o nostálgica. Pero mi experiencia es totalmente diferente. Yo llegué a los dieciocho años, ya formado con una serie de lecturas y demás, y el español siempre fue el idioma de cabecera para mí.

La diferencia entre esos dos campos es que uno ya está constituido, y tiene peso, es fuerte, con autores muy canónicos. En el Siglo XIX se marcan directrices que puedes seguir o no, pero que es imposible ignorar. En Argentina, es imposible ignorar a Sarmiento, al Martín Fierro, a Arlt, a Borges, a Cortázar. Y a otros escritores algo más ocultos que son igual de importantes.

El campo de la literatura en español en Estados Unidos es un campo que siempre estuvo ligado a cuestiones de identidad, a ciertas comunidades reconocidas como hispanas en Estados Unidos. Esas comunidades necesitaban reivindicar ciertos derechos identitarios. Sobre todo lo mexicano y lo chicano, y lo caribeño: lo portorriqueño, etcétera. Entonces gente que por ahí llega de otros países (Colombia, Argentina, Uruguay) era invisible, porque no pertenecía a lo que se catalogaba como minoría. Ahora, en los últimos quince años, como todo, hay mucha más globalización, más mezcla, y hay varias personas que escriben, leen, y están expandiendo el cambio. Tal es así que en estos momentos –que espero que duren– hay tres maestrías en escritura creativa en español en Estados Unidos. En Nueva York, en Iowa y en El Paso. Eso es muy bueno porque trae a gente y además crea comunidad. Yo, igual que Borges, me veo como la periferia de la periferia de la periferia. Como decía Borges. Un argentino que no pertenece a la literatura argentina, que vive en Estados Unidos, que escribe en un idioma que es importante pero no es el principal…

→ He visto que te dedicas únicamente al cuento. ¿Es así? ¿Por qué?

Sí, me dedico sólo al cuento. Hasta ahora lo que hay es dos libros de cuentos y dos mixes de esos libros. Creo que tiene que ver con que soy muy lector de cuentos. Mucho más que de novela. En ese sentido soy muy borgiano. ¿Para qué componer en quinientas páginas…? En realidad, tiene mucho que ver con la academia. Empecé escribiendo cuentos, y mi estudio crítico tiene que ver con el género. Lo que me interesaba era la manera en que los cuentistas trabajaron la forma del género. Desde Poe y el capítulo latinoamericano de Borges, Cortázar, Piglia, que fueron reflexionando sobre lo que significa el relato como forma.

Es muy paradójico el género. Porque es un género tiránico respecto a la forma, de lectores muy puristas (“ah, pero esto no es un cuento, es otra cosa”), pero por otro lado te deja lugar para experimentar con diversos registros discursivos, lo cual es muy interesante. Por supuesto no considero que el cuento sea un género de iniciación a nada. La famosa anécdota de Faulkner. ¿Y usted por qué es novelista? Bien, empecé escribiendo poesías. Eran horribles, y entonces intenté escribir cuentos, me di cuenta de que no podía, y me dediqué a la novela que es lo más fácil. [Risas]. Creo que para algo de más largo aliento necesitas cierta pericia narrativa. Y tiempo. Espero que en un futuro no muy lejano me pueda atrever a eso.

→ He leído ESC, el libro que publicaste con Suburbano. Ahí planteas que los lectores son una especie en peligro de extinción (aunque en un cuento genial lo planteas exactamente al revés: toda la humanidad se extingue excepto un lector). La pregunta es sencilla: ¿qué es un lector? ¿Cualquiera que lee cualquier cosa?

Bueno, no es sencilla la pregunta. [Risas]. Es corta, pero no sencilla. La frase “el lector está en peligro de extinción” está, creo, en “La novela de Borges”. Diría dos cosas. Un lector es alguien inconforme. Me parece que esa es la condición número uno. Eso obviamente crea una cierta incomodidad. Inconforme con el mundo como es o está y, muchas veces, en consonancia, consigo mismo. Entonces, busca habitar a otros, habitar otros mundos. Busca ese pedazo que le falta y que no sabe qué es. Y la literatura, la ficción, te seduce y te promete que por ahí puedes llegar a encontrar eso.

Pero es mentira, ¿verdad? Porque siempre que un lector consigue quedarse a solas con sus libros en tus ficciones ocurre alguna tragedia.

Es mentira. [Risas]. Yo dije que te promete, que te seduce, pero no sé si cumple. O, muy borgianamente, logras algo, pero entonces eres incapaz de comunicarlo. Siempre hay trampa. Y lo otro es que creo que el lector de nuestro tiempo (siglo XXI, segunda década) es alguien atento. Atento a lo que los demás no están atentos. Un lector que no atiende está consumiendo una historia o comprobando que sus prejuicios están bien, pero no aprendiendo.

→ En la segunda parte de ESC (Alt), les toca el turno a los que escriben. El primero de ellos se refugia en la lectura, el segundo se convierte en una siniestra versión del axolotl. [Risas]. Y la tercera, la protagonista de “Gestos”, rastrea una genealogía desde Pedro de Verona hasta Pedro Antonio de Alarcón. ¿Qué es un escritor? ¿Cualquiera que escribe? ¿Cualquiera que firma un cheque?

Bueno, me parece que en cierto modo comparte con el lector la primera idea. Creo que es un inconforme. No es un juicio crítico. Como diría Borges, hay que sacarle lo peyorativo a la palabra precursor, pues se lo sacamos a inconforme. Un inconforme es, en palabras de Cortázar, quien no acepta las cosas como le son dadas. Eso hace la vida un poco complicada. Como es un inconforme, plantea modelos alternativos de realidad y los pone por escrito. Y en esos modelos creo que lo que busca es una complicidad con quien le vaya a leer. Poe decía que hay un momento para el escritor en el que quiere que el que lee se sienta como que solamente el que escribió y el que está leyendo hubieran podido armar esto. Es una colaboración. El escritor es alguien que escribe solo o sola. Necesitas aislamiento y soledad. Y eso tiene todo lo preocupante de la soledad: la paranoia… Está genial lo de firmar un cheque, porque te hace pensar, pero no, no es alguien que firma un cheque. También creo que, en cierto sentido, escribir es un acto de valentía. Es arriesgarte.

→ Has publicado en alguna editorial cartonera y en otra bastante under. Por lo que yo he podido averiguar, de hecho, no has publicado en ningún gran conglomerado. ¿Ha sido por militancia o por casualidad?

Bueno… [Risas]. Debo declarar que no me han venido a buscar de Alfaguara. [Risas]. No, creo que ha sido por las dos. Mi primer libro salió con una editorial universitaria que es muy prestigiosa en México y que no tiene afán comercial. Y eso para alguien que está empezando era muy importante, porque así no tenía que estar atento a las ventas. Y después, el libro Fuera de lugar, que salió en Perú y en México, y estos últimos dos, el de Suburbano y el de Sampleados, la cartonera, que me mostraron que hay gente pujante, como ustedes, gente joven con ganas de hacer cosas y de circular por canales alternativos. Además, ven que la cosa funciona. Es difícil, quizá no dé réditos, pero si el asunto no es solamente el dinero puede llegar a valer la pena. Y tanto los de Suburbano como los de Sampleados son proyectos para llegar a más lugares y a más personas, ¿no? Y eso me encantó. Cuanto más maneras de circular haya mejor.

→ Nosotros estamos llevando adelante un proyecto cartonero. Te he imprimido nuestros principios. ¿Nos cederías algo para distribuir en España? Es puro Creative Commons, así que vale reciclar.

Sí, por supuesto. Después hablamos y arreglamos.

→ Más aún. ¿Nominarías a tres autores a los que podamos escribirles de tu parte y pedirles colaboración?

Claro. Al peruano Diego Trelles Paz, a la mexicana Cecilia Eudave y al español Pablo Martín Sánchez.

→ Ya que nos has dado tres autores, recomiéndales a nuestros lectores, españoles interesados en la nueva literatura, a tres escritores poco conocidos.

Bueno, me centro en la literatura argentina. Hay varios que me interesan bastante. En Madrid vive uno, Patricio Pron, que me gusta mucho. Es joven, pero ya tiene una obra hecha y tiene una propuesta estética. Eso es lo que me interesa del lado crítico. Como lector me gusta mucho.

Después, de los que viven en Buenos Aires hay dos mujeres que vienen con mucha pujanza. Una acaba de ganar el Rulfo: Schweblin, Samanta. Es cuentista de pura cepa, aunque hace poco publicó una novela corta. Y la otra se llama Mariana Enríquez. Curiosamente las dos trabajan con algo que se ve poco fuera de la ciencia ficción: trabajan muy bien el horror, que es algo en lo que a la literatura le cuesta mucho competir con el cine y la televisión. Y ellas lo hacen muy bien. El horror leve, sugerido, sutil.

→ Y dicho esto: ¿crees que a día de hoy sigue siendo operativa la diferencia entre literatura española e hispanoamericana?

No sé si te puedo decir que no. Me gustaría decirte que no. Creo que éste es quizás el primer momento en que podemos empezar a hablar de la literatura como un océano donde está todo conectado. Sobre todo lo que tiene que ver con lo hispano. Sin embargo, las instancias de la cultura, es decir, el aparato que hay detrás de lo literario (las universidades, los institutos, la prensa, la crítica…) todavía no han evolucionado a ese nivel. Y entonces catalogan y buscan maneras de decir “escritor español”, y quizá dentro de lo español “escritor gallego”, o “granadino”, o “asturiano”. Y eso yo lo combato. No es que me parezca mal, ni nada por el estilo, pero para el lector que recibe esa información puede llegar a ser algo limitante.


Foto 2 con Pablo Brescia

→ Bueno, empiezan las difíciles. Tienes un millón de euros y es un domingo por la tarde. Llueve. Estás solo. El millón, como en “Bruja”, de Cortázar, va a desaparecer mañana. ¿Qué haces?

No voy a decir nada muy original. Lo quemo. Para tener la libertad que tienen ustedes, que no hacen las cosas por dinero.

→ Ahora tienes un paciente. Es rico y hasta hace poco era un empresario exitoso, pero ha enfermado de lectura, de ganas de leer. ¿Qué le recomiendas?

Nada. No hay solución. Le sugeriría que sobrelleve la vida a base de alcohol y barbitúricos. [Risas]. O sea que la parte diurna que tome y se ponga pepas para poder mantener la vida. Y que siga leyendo.

→ De vuelta, tu mejor amigo está enfermo de escritura. ¿Qué le damos?

Le diría que mientras entienda que no tiene que publicar todo lo que escribe está todo bien.

→ Por último, odias a alguien. Puedes echarle un mal de ojo: hacer que enferme de lectura o de escritura. ¿Qué eliges? ¿Qué es peor?

[Risas]. De escritura. Es peor. Se sufre más.

→ Estas preguntas venían a raíz de ESC, tu libro, que me ha hecho pensar que hay grandes enfermos de lectura, como Borges o Cervantes, y grandes enfermos de escritura como Kafka. ¿Qué opinas? ¿Cuáles son más egoístas? ¿Cuáles te interesan más?

Cuál es más egoísta… Es difícil… Me parecen que más egoístas –aunque los escritores pecan mucho de ególatras, de egocéntricos– los enfermos de lectura. Egoísta en el sentido de que si estás enfermo de lectura necesariamente te bloqueas de todo lo demás. Y entonces es tu propio yo frente a lo que estás leyendo. Los escritores, por más que solamente se dediquen a escribir, por más que en cada escritor haya un egomaníaco, también hay alguien que quiere compartir algo. Es imposible pensar la escritura sin el ánimo de decirle algo a alguien.

Y me interesan más los lectores. Porque –aunque Kafka decía “soy literatura”– para imaginarme como escritor… hasta qué extremos pueden llegar. Por un libro, o un dato perdido, o meterse en una historia y no poder salir.

→ ¿Hacia dónde va el campo literario? Como eje de respuesta: ¿el futuro es más de los lectores o de los escritores?

El futuro es más de los lectores. La cultura va más hacia el usuario (no me gusta mucho el término, pero sí más que la palabra consumidor). Los escritores cada vez van a tener menos derechos sobre lo que escriban, van a ser los productores de las historias y a partir de eso los lectores van a cobrar importancia.

Y respecto al mercado, me parece que –en cuanto a las humanidades, no sólo a la literatura– este ritmo de producción es insostenible. En algun momento va a quebrar. No hay suficientes usuarios, o los que hay ya están experimentando con otros medios de producción, armado, circulación y recepción. Entonces quizá lo que quede justamente son emprendimientos más específicos, con otros medios de circulación y otra comunidad de lectores. Finalmente, podemos hablar todo lo que queramos de literatura para las masas o de la intención política de la literatura. Pero la literatura es una especie de logia masónica. Los feligreses son muy fervorosos pero son pocos.

→ Terminamos con una rueda de reconocimiento. Una frase corta.

→ Pola Oloixarac.

Provocadora.

→ Andrés Neuman.

Perfecto.

→ Junot Díaz.

Étnico.

→ Washington Cucurto

Revolucionario a su manera.

→ Rosa Beltrán.

Escribe frío. Me gusta.

→ Fernanda García Lao.

Interesante.

→ Nuestro archienemigo: Mario Vargas Llosa.

[Risas]. Un pope de las letras.

→ Romina Paula.

Tiene algo para decir.

→ Piglia.

Si Borges es Dios, él es el papa.

→ Paz Soldán.

Un amigo. Y como escritor merece atención.

→ Rodrigo Fresán.

Me gustaban mucho sus primeras cosas, sobre todo Historia argentina.

Rebobinemos hasta los que se conviertieron ya en un apellido:

→ Borges.

Demasiado.

→ Cortázar.

Cortázar es el juego. A veces sale bien y a veces sale mal.

→ Sábato.

Fue una lectura de adolescencia muy importante.

→ Saer.

Un gran escritor que nunca me sedujo.

→ di Benedetto.

Está en el club de raros que estoy intentando armar. Con Arreola, Piñera y Felisberto.

Y para terminar, uno especial. Recuerda: sé conciso.

→ Pablo Brescia.

[Risas]. Alguien que sigue aprendiendo a escribir.

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1 Response

  1. Julio dice:

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