Placas, presiones y límites

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por Rosa Ángeles Fernández

Hace poco cayó en mis manos un libro de divulgación científica de esos que intentan hacer que la ciencia sea accesible, convertir en entendibles conceptos complejos. Pues bien, este ejemplar empezaba su periplo con los orígenes de la tierra, y en un principio iba a saltarme esos capítulos porque la geología no motivaba mi lectura (prefería sumergirme en Pasteur y la pasteurización, por ejemplo), pero he de reconocer que el asombroso poder de la tectónica de placas me subyugó. Y como por arte de magia, esos agentes externos que fueron capaces de modificar la tierra, se me antojaron semejantes al movimiento de las capas de nuestra sociedad moderna.

La vida cotidiana de la sociedad está formada por dos capas fundamentales. El escudo externo, es la corteza donde se encuentra nuestra clase política, y está quebrada en fragmentos ideológicos (aunque algunos sectores ya no quieran oír hablar de ideologías, para evitar incomodidades o por un exceso de pragmatismo). Esta clase política flota sobre una capa interna “plástica” de lento movimiento llamada ciudadanía. Los movimientos de ambas placas dan forma a la sociedad, y afectan al dominio y a la evolución de las especies.

Hay tres tipos de límites que definen la forma en la que las placas chocan unas con otras:

Limites convergentes: cuando la clase política y la ciudadanía colisionan o se empujan. La placa más densa se ve forzada a quedarse debajo de la menos densa. Estos encuentros siempre generan cambios: juzguen ustedes.

Límites divergentes: Esto sucede cuando dos placas se alejan una de la otra. Nunca los políticos estuvieron más alejados de los ciudadanos que en estos tiempos. Ignoro la manera en que seremos capaces, unos y otros, de llenar el amplio espacio de este cisma.

Límites transformantes: estos ocurren cuando las placas pasan una junto a la otra. Como consecuencia de la fricción entre ambas puede ocasionar movimientos sísmicos, que liberarán la tensión acumulada, hasta conseguir alcanzar una posición de equilibrio. A esto todavía no hemos llegado, como muestra nuestra candente actualidad; ahora nos hallamos en unos límites transformantes neutros, también denominados “bordes pasivos”. Sin embargo, entre placas, presiones y movimientos, algunos también hablan de terremotos políticos y otras cosas del poder. Entre la realidad y la ficción, nos conformamos.

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