Cine de videoclub

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por Rosa Ángeles Fernández

Voy a permitirme la libertad de recomendarles dos películas que el fin de semana pasado alquilé en mi videoclub (todavía quedan algunos). Sí, fue una sesión continua que colmó todas mis expectativas, y caramba, las cosas buenas hay que compartirlas, aun asumiendo el riesgo de no sentirse correspondida.

La elegida para ver en primer lugar fue “Deuda de honor”, con la que tuve que hacer una labor previa para disipar las reservas que me asaltan con el wéstern, he de añadir que sin el menor esfuerzo (un día de estos arrojaré por la borda este prejuicio, lo tengo decidido). Esta película narra el ideal romántico en unas claves (alejadas de lo que vulgarmente se puede interpretar como el de una sensibilidad acomodada) que la conducen, desde la realidad de la historia de una mujer, en la América profunda del siglo XIX, que emigra de Nueva York al lejano Oeste con la intención de labrarse un porvenir, a la consumación de sus propios ideales. La protagonista ha superado la edad casadera y, sin embargo, no ceja en su objetivo de buscar un contrato matrimonial que le asegure un futuro. Y no lo encuentra, básicamente por dos razones, pero aquí sólo les voy a desvelar una: resulta poco agraciada, incluso fea, señalan. Y cuando les diga la actriz que la encarna, creo que coincidirán conmigo que es un tanto chocante, pues se trata de Hilary Swank; aunque los maquilladores se han esforzado en que aparezca fea no lo consiguen. Eso sí, es una mujer dura, con toda la dureza que puede originar una fragilidad extrema; y en ese sentido (que es el que importa), su interpretación es magnífica. La mujer recibe un encargo: tiene que devolver a la ciudad a tres mujeres que han perdido la cordura. Y a partir de aquí la historia nos introduce en un viaje épico que llevará a sus personajes por esos derroteros de la trasformación interior y exterior, sin apenas darnos un respiro hasta el final, que te deja, cuando llega, clavado en la desesperación de su propio derrumbe, que sólo alcanzas a comprender cuando sucede, no antes, créanme. Una gran historia de una mujer fuera de su tiempo, dirigida por el también gran actor, Tommy Lee Jones, que hizo esta declaración, en su promoción: “A las mujeres se les sigue negando todo tipo de oportunidades”.

Y la segunda película de mi sesión continua fue “Liza, the Fox-Fairy”, del director húngaro Károly Ujj Mészáros (húngara y con un toque japonés). Otra historia, también romántica y también protagonizada por una mujer, pero del siglo XX. Liza es dulce como la vainilla, y tan frágil y bella como una mariposa (se me ocurre), capaz de provocar un sunami con sus aleteos, como se les atribuye a esos insectos mutantes. Trabaja como enfermera de la viuda de un antiguo embajador japonés. Su vida es pequeña porque su timidez no la deja crecer, pero tiene un amigo imaginario con el que pasa sus mejores ratos. Tomy Tani es el fantasma de un cantante de pop japonés de los años cincuenta, del que yo también me enamoré al instante. Los números musicales de ambos, cantando y bailando, son fantásticos. Cuando Liza cumple 30 años decide salir en busca del amor, y entonces todo se le complica. Su fantasma no soporta la idea de perderla y sus celos empiezan a cobrarse víctimas. Ante estos acontecimientos Liza teme haberse convertido en una Fox-Fairy, un demonio mortal del folklore japonés. El argumento es impredecible, y junto a los personajes y los efectos especiales, la hacen tan extravagante como ingenua. Si les gustó Amelie, disfrutarán con esta película, se me ocurre. Por si no les es suficiente con mi recomendación, añadiré que tiene… más de un premio: Gran Premio de Fantasporto, el Méliès d’Argent a la Mejor película fantástica europea en el Imagine Film Festival de Amsterdam, el premio 7th Orbit y el Premio Pegasus (premio del público) en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas.

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